Olas de Viernes Santo
Hoy no sólo las olas golpearon las rocas.
Golpearon corazones,
corazones que ya no serán los mismos,
y que ahora ya no son los que fueron.
Porque el tiempo pasa,
y no quiere decir que pase a mal.
Simplemente da pasos agigantados.
Hoy no sólo las olas golpearon las rocas.
Golpearon las miradas,
miradas que no se cruzaron ni un instante.
Tan sólo para no coincidir,
porque duele más mirar a los ojos,
que cerrarlos durante un segundo.
Hoy no sólo las olas golpearon las rocas,
y por eso mi alma está de blanco.
Blanco inmaculado en un Viernes Santo.
(Las rocas soportaron las olas...
...¿y yo?, ¿podré soportarlas?)
Los invisibles
- Mira que eres crío... Ellas te aman y te quieren como mujeres. Y fue por haber hecho de ti un hombre, por lo que ella quería devorarte. Y tu caballo eras tú mismo, en el hambre y en la sed de amor que en aquel castillo, ellas sufren. Porque no hay hombres en el castillo desde que Doña Urraca quedó viuda, sólo los que pasaban y no sabían el peligro de aceptar posada. Todos ellos han muerto como tú viste que mataban a tu caballo. Ninguno ha durado más de una noche.
Pero, cuando iba a entrar en el agua, y ya tenía los pies dentro, oyó una leve risa carcajeante que, casi desde la cuna, le era familiar. Y, frunciendo el ceño en una expresión de tedio, retrocedió hacia la fina hierba, y se estiró en el suelo lánguidamente. Con paciencia, en un abandono indiferente, con la cabeza posada sobre los brazos, dejó que el Diablo se desesperase invisible sobre su cuerpo. Caricias prolongadas que suaves le corrían la piel, besos susurrados que lo mordían por el cuerpo adelante, manos que se obstinaban en su sexo, durezas que se cernían sobr él tratando de penetrarlo... - era de costumbre, desde que por primera vez se había sentido hombre y cuando se desnudaba completamente estando solo.
El azul del cielo me hace recordarte.