De una vida ajetreada

No he parado ni un instante desde mucho antes de terminar el calendario lectivo. Trabajos, prácticas, exposiciones... y un sinfín de chorradas que no me han dejado ni un minuto libre para acordarme o pensar en los problemas de nadie, más que en los míos. Esta actitud egoísta y tan poco altruista ha sido necesaria. Comprendo a todos aquellos que puedan pensar que paso olímpicamente de todo dios y, más aún, de toda la parafernalia que esto conlleva. Pero me da igual. Hay veces y peronas que le dan muchas vueltas al tarro, hasta que se pasan de tuerca y la cosa explota. Explota sin razón y sin argumentos. Las miradas malintencionadas, las despedidas secas o el "vacío" de saludo han sido desafortunados e involuntarios.
Lo admito, en estos momentos prefiero mirar el ombligo de mi futuro, de mi vida que en nada (sólo 2 añitos más si sigo como hasta ahora) será una realidad monótona con la que me voy a ver enfrentado.
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