Y, siempre igual
En esta vida hay cosas que nunca cambian. Las personas, las situaciones, los lugares... en fin. Que después de pasado mucho tiempo sin ver a alguien te das cuenta, afortunadamente, que no ha cambiado. Me alegro de que todo siga en su sitio después de tanto tiempo sin vernos.
Gracias
Gracias
Cada día me doy cuenta de la proximidad de mi marcha. El miércoles me voy de Gran Canaria y, probablemente tarde mucho en volver. Todos los amigos que he hecho este año se quedarán aquí, siguiendo su vida y yo, en Ceuta haciendo lo mismo, siguiendo con mi vida. Ya no me queda realmente nada por aquí, mañana se puede decir que es mi último día. Estoy impaciente por irme a Ceuta, pero me pongo nervioso nada más pensarlo. Cuando se unen las palabras despedida y amigo en mi estómago se forma una especie de mezcla explosiva. En mi garganta se hace un pequeño nudo que no me permite comer nada y, en la barriga gira todo como si se tratara de una centrifugadora. Eso es lo que siento ahora, siento que me despido, aunque no por mucho tiempo, o eso espero, y que se cumplan esas palabras que se dicen siempre: "Yo vuelvo pronto, en el cumpleaños de Fulanito estoy aquí o para tal fiesta seguro que vengo".
Un día, así como así, me di cuenta de que la conocía. El tiempo había dejado que una "pequeña semilla de la amistad" empezara a germinar en una maceta de estiercol.
Se abrió la puerta y pudimos entre ver como una bella mujer gitana bailaba al compás de una música misteriosa. El fuego de la chimenea sólo nos permitía ver su silueta. Todos nos quedamos como hipnotizados mirando su encantador baile. Poco a poco entré en la habitación y comencé a distinguir en su cara el brillo de sus ojos grandes y negros.