divertimentos

En ese momento descubrí que no estaba sólo en la habitación. Un grupo de diferentes tipos de personas estaban sentados formando un círculo perfecto del que la gitana, que no tendría más de 17 años, era su centro. Todos, absolutamente todos, mirábamos casi sin parpadear, para no perder ni un instante de tanta belleza. La música poco a poco dejó de sonar y ella poco a poco dejó de bailar. Realmente no deseaba que siguiese ya que me estaba dando miedo su baile. Era demasiado mágico, seguro que tenía que escoder algo...
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Raúl Silverio -