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un día cualquiera

Quiero hacer unas garbanzas contigo

Quiero hacer unas garbanzas contigo, a solas en la cocina y sin nadie más, ni si quiera nuestras ropas. Seguir la receta de mi madre, sin carne, para aquellos que no sentimos desconsuelo de la proteínica sustancia. Ya sé que tu deboras con ansias todo aquello que proceda del mítico animal, pero en este caso, jugaremos con las reglas de mi casa a las que ya te he insunado que vayas acostumbrándote.

Picaré tan sólo yo la cebolla, de esas que sembró el demonio y dejó con halo de azufre, para así derramar con dulzura las lágrimas en tu idealizado cuerpo. No habré de tocar tu pubis con tal humedad, no quiero contaminar tu esencia, tu jugo. Aquí empezará tus praxis, al pintar de áureo cada fisco de lo que fue uno, antes de mi vil juego de asesinar al bulbo.

Mientras, la matanza perseguirá a dos pimientos morrones, sin prescindir ni del verde, ni del colorado. También, el ajo sucumbirá a mi venganza. Tú, con tu rol de torturar al condenado, los mezclarás con el sofrito mientras mi mano pasará con suavidad por tu nalga, y mi boca por tu cuello. Tal vez me entrometa al manosear tu pecho, pero es inevitable lanzarse al vacío al robarte un beso.

Desnudaré un par de zanahorias y un trozo de calabaza para intentar darte celos. Mis manos quitarán con cuidado sus medias, sus faldas; acariciarán con ternura sus fálicos cuerpos. El cuchillo las transformará en rodajas finas. La calabaza casi quedará intacta, no la cortaré demasiado para después rescatarla mejor del lago. Si te enojas, no te preocupes, también le llegará la hora de caer en el caldero donde reposan, ya sin vida, mis anteriores amantes.

También pelaremos papas y las cortaremos no muy grandes. Al caldero las echaremos al son, junto con las garbanzas.

El agua no será demasiada, ni poca. Será la justa.

Ahora el fuego se encargará de lo demás. Tu y yo, aprovecharemos la pausa para degustarnos como aperitivo mientras la calabaza se ablanda. No será aquí el clímax, habrá de esperar un poco a retirar la calabaza, molerla y mezclarla de nuevo con el caldo. Un poco de tomillo hará el resto y, según la opinión del que deguste, si se ha de contaminar con sal el guiso, que sea poca.

 

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4 comentarios

Majek n' Tedote -

¿Hambre? ¿Quieres comer?
Me quedaron garbanzas de sobra.

María -

Qué bonito...

...
tengo hambre... :)

Majek n' Tedote -

Ya llegará el erotismo de hacer escacho, o mojo de cilantro en medio de una fiesta sensual.

faraox -

Nunca pense que podria leer un relato sensual con garbanzas de por medio.
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