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un día cualquiera

Mi sueño en peligro de extinción

En el tiempo que llevo en La Laguna me he quejado por todo. La mayoría han sido cosas insignificantes pero sorprendentes para mi, que me criaron en la doble periferia de la urbe, en el suelo rústico de la Isla Bonita. A pesar de mis quejas esta ciudad me gusta, quizá por su estilo universitario y lo que conlleva vivir entre estudiantes. Para mi disfrute absoluto lo único que falta es la tranquilidad de una casa terrera, la confianza de los pocos vecinos y un fisco de tierra para enterrarme las piernas y sacar raíces. Me dijeron que aquí también hay de eso, que no todo es cemento y asfalto, y que el TODOPODEROSO empresario que TODOLOQUIERE no ha llegado a colonizar lo poco de natura que aquí queda.

Las ventajas de vivir en el silencio rural son innumerables y este post no ha sido ideado para demostrar lo bueno de vivir tranquilo, sino todo lo contrario, ha sido creado como protesta y amenaza para con los que se dedican a joder a los durmientes que decidieron hacer del sueño, un placer.

Lo digo en serio, sin coña, sin broma, sin la risita de bobo.

El próximo que se dedique a poner la música a tope de su coche con las cinco puertas abiertas en la Avenida Calvo Sotelo, va a recibir el escarmiento de la ira que se descarga.

No digo más.

Por cierto, ¿por qué siempre son godos los gilipollas que hacen de su carromato una discoteca para el barrio?

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2 comentarios

Majek n' Tedote -

Aquí tengo preparado algo mejor.
Uajajajá, uajajajá.

danwefly -

Te iba a decir que lanzaras huevos... pero luego te quedas sin comida. Unos cuantos baldes de agua y se soluciona el asunto. xD
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