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un día cualquiera

Y eso que no extraño

Y eso que no extraño En estos días, quizá por la 'auto-soledad' impuesta por las circunstancias y mis propias aspiraciones personales (el no caer en la rutina lagunera universitaria) me ha producido un sentimiento que hasta ahora desconocía:
Extrañar


Sí, puede parecer una coñada, pero "es lo que hay". He aprendido a recordar a aquellas personas que han pasado por mi vida, que tan buenos momentos me han hecho pasar, y todo lo que me han enseñado. Quizá, hasta ahora, no había extrañado ¡por culpa de mis amigos! Tienen la culpa de ser canarios, o de vivir en Canarias y sentirlos relativamente cerca. Me educaron para partir, salir de casa durante un período determinado para después volver a mi tierra y en volver a encontrarnos. En Ceuta, no extrañé mi casa, pero aquí, en La Laguna, extraño esas tierras moras, "digo". Extraño ir a la facultad, tomarme el cafecito en la cafetería de Juan en nuestra mesa, como si fuéramos dando la bienvenida a todo el que pasaba. Lo extraño y me emociono al contemplar un trocito de papel recortado en un periódico local que llevo conmigo.

Por eso este post se lo dedico a todo el mundo que conocí allá. A Thays la niña, a Armando, a Fany, a Julio, a Alberto Barrabás, a May la rifeña, a Suleyman el perdido, a Albita vecina, a Mahdani, a Loli (mi tutora), a Loli (mi profesora), a Miguel de Luque, a Mohamed el cojo, a los Mehanis de la frontera, a mi amigo que siempre estaba delante del Real 55, a mi viejita de los ojos azules que se quemó la cara con leche, a 'El Sevilla', a Rashida y a todos aquellos que aquí no nombro (son muchos) y que me han dejado una marquita en eso que tenemos dentro... eso que suena.

Simplemente, gracias por enseñarme a extrañarlos.

 

...y no me pregunten por qué mis últimos artículos son de sentimientos. Será la luna.

 

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