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un día cualquiera

Conversación Rural

Conversación Rural - Se ven lindas esas tuneras.
- ¿Eh?
- Que se ven lindas esas tuneras.
- ¡Ah! Sí, aquí están hermosas. Lo malo que es que se agarran al muro y hay que cortarlas. Un día de estos se vienen abajo esas piedras.
- Pues sí. Están cargaditas... Llega un sereno y se te van pa'l carajo todos los tunos. Yo vine a buscar unos cuantos ahí detrás, que hay menos, pero que también están buenos. Se los voy a mandar a una de mis hijas a Tenerife, que le encantan.
- Sí, a mi también me encantan, pero tengo que ponerme un día de estos a podar las pencas bien podadas, que encima revientan como nada. Puff... que si revientan. Mi hija se llevó unas medio partidas para allá, las soltó en una maceta y le salieron. También es verdad que ir son veinte minutos. Se puede dir y golguer en el mismo día.
- Pues pa dir y golguer, no vas. Porque yo pa' eso me quedo en casa.
- Bueno, cuando uno tiene que ir por necesidad. No te vayas a creer que para mi es un consuelo subirme al avión. Sólo cuando voy a los médicos que me mandan y aprovecho y le llevo una caja para la más chica. Que le encanta la fruta.
- Fruta hay aquí la que quieras. Los árboles se quedan con las ramas dobladitas del peso. Los anones de aquí no son chicos.
- No te brindo un tuno porque no está barridos.
- ¡Ah! Gracias, no pasa nada.
- Te dejo, que a las dos cojo el vuelo.
- Que sea leve, que aquí las coles me tienen doblado y jodido.
- ¡Quédate con Dios!
- Y que te acompañe en el viaje.
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