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Resumen

Hoy me he sentido diferente.

fran01-bn.jpgMe siento... un poco más maduro. He aprendido muchísimas cosas desde que estoy aquí en Ceuta, aunque lleve poco más de una semana, pero el tiempo se me ha pasado muy despacio, para reflexionar, no comerme el tarro, simplemente pensar en mis historias de siempre, fantaseando en cómo será mi futuro, sintiendo lento el presente y añorando un poco el pasado. Sobre todo he aprendido a convivir con un "poco" de soledad. No soledad por estar solo, sino por sentirme solo. Además, creo que hasta ahora no había estado separado realmente de mis amigos durante tanto tiempo, y tanto tiempo definitivo (que ya sé que es una palabra fuerte, y que yo siempre digo que hay pocas cosas definitivas, pero esto es así). Para ser precisos, siempre estoy rodeado de muchísimas personas, todas ellas muy simpáticas (una de esas personas es mi padre, al cual quiero mucho pero no llena, y sería un disparate que lo hiciera, esa "falta de amistad" o "pequeña separación" de mis amigos, con los que he convivido muchas cosas, para mi muy importantes) pero no son mis amigos. Son compañeros del trabajo de mi padre, personas que piensan que yo soy el hijo de D. Juan Francisco Medina Concepción, el Adjunto al Director del Helipuerto en el que trabajan. No quiero decir que sean personas falsas (que quede claro, y si alguien tiene alguna duda que hable ahora o calle para siempre), sino que, por encima de lo bien o mal que yo les pueda caer, van a tener en cuenta mi "posición" o, mejor dicho, la "posición" de mi padre frente a la suya.

Bueno, ahora llega el último helicóptero del día. En unos 30 minutos esta "caja" que por ahora es mi casa se quedará vacía. Tan solo dos vigilantes de seguridad en su caseta, viendo la televisión o dando un paseo para ver que todo sigue como ellos lo dejaron; dos bomberos que duermen a la espera de alguna evacuación o cualquier problema que pueda suceder y que sería muy poco usual que lo hiciera; mi padre y yo. Esta "caja" cariñosa, porque es muy agradable ver como se puede trabajar siendo totalmente competente y formando una pequeña familia de trabajo, me llena de frío y no por el aire acondicionado que nos produce una refrescante sensación de tecnología, avance y, más que avance, progreso civilizado, como le dicen aquellos que creen ser verdaderos hombres de provecho para el futuro de esta sociedad que hemos levantado, bueno, me rectifico, que han levantado.

Las horas pasan, o yo paso sobre las horas, porque realmente las horas se van quedando inmediatamente desde que existen, en el pasado y, nosotros las adelantamos irremediablemente a paso agigantado con destino o sin él, al futuro. No me siento mal, totalmente al contrario, me siento alegre, y, mejor aún, feliz.
Martes, 05 de Octubre de 2004 21:23. Enlace fijo del artículo. Tema: Metrópoli Republicana Hay 3 comentarios.

LA CASADA INFIEL

fran09.jpgFederico García Lorca

Y yo que me la lleve al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toque sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río.

*

Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quito el vestido.
Yo, el cinturón con revólver.
Ella, sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena,
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios.

*

Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
Le regalé un costurero
grande, de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.
Lunes, 18 de Octubre de 2004 18:55. Enlace fijo del artículo. Hay 3 comentarios.

Fábula absurda o La historia de un pueblo lejano

Érase que se era, es más, no sé si fue, pero lo que si es cierto que llegó a mi memoria por medio de los recuerdos que un día trajo el viento por la ventana. Parece que entonces, lo que existía, que era mucho menos que ahora, pero mucho más que el más antiguo, era maravilloso. Las palomas no se posaban sobre cables de alta tensión y no habían comenzado esas lluvias de cemento que matan. Las gallinas sabían hablar nuestro lenguaje, aunque por tontas o por gallinas, no querían hablarlo, sólo en las ocasiones en que se volvían locas y ponían a gritar:

- ¡Que viene el agua, que viene el agua! Y en el campo nos quedaremos.

Eran muy coquetas, y, como presumidas que eran, se componían antes de que el Sol llegara, con sus largos y calientes dedos, a iluminar aquellas lejanas tierras. Entonces, instantes antes de que todo se viera de día, los gallos comenzaban su canto con el que cortejaban a las tontas gallinas. A esa hora temprano no era pronto, ya que los mas viejos ya habían tomado su segundo desayuno de la mañana.

Un día, de toprón, llegó un disparatado muchacho con muchísimo equipaje a aquel pueblo. Los vecinos, que se llevaban muy mal entre ellos, empezaron a criticar las absurdas cosas que hacía. Observaron por la ventana de su casa (en aquel entonces no había cortinas puesto que no existía la intimidad para nadie del pueblo por muy mal que se llevaran) que tenía un mueble rectangular pegado a una pared. De este mueble sobresalía una caja, aproximadamente a la mitad de la altura total del mueble. Obsevaron que al centro tenía una llave. Los golosos vecinos estúpidos, por tentación, no del demonio porque ni él es tan malo, maquinaron en sus estúpidas cabezas la función que tendría tan extraño mueble. Tras una junta con los ancianos del lugar, concluyeron que se trataba de un tipo especial de cofre en el que guardaba un maravilloso tesoro.

Las cosas fueron muy rápido y pasaron varias semanas. Por la mañana del días veinticiete del mes sexto de aquel año, se despertaron mucho mas temprano las gallinas con un extraño sonido. Las tontas gallinas se marcharon, sin maquillarse, a ver de dónde procedía aquel maravilloso ruido. ¡Venía de la casa del disparatado muchacho! La caja se había abierto y el disparatado muchacho se encontraba frente al extraño cofre en una silla. Movía sus dedos como presionando unas pequeñas piezas blancas y negras. El sonido salía de allí. Cada vez que presionaba una pieza se reproducía un maravilloso sonido. Las gallinas atontadas, aún más, comenzaron a bailar entre ellas, moviendo las alas sobre sus pequeñas cabezas. En un instante estaba todo el pueblo frente a la ventana, imitando el movimiento de las gallinas. Estas, de tontas que eran, se enfadaron muchísimo y se marcharon corriendo. Nunca más volvieron a hablar con los hombres, ni si quiera gritaron más aquellas tonterías sobre la lluvia.

Las gallinas marcharon y el pueblo continuó bailando hasta el anochecer. Aquel disparatado muchacho les había traido un tesoro y, por curiosidad le preguntaron:

- ¿Qué es esto?

- Es música - contestó el disparatado muchacho

Francisco Medina Fernández
Sábado, 30 de Octubre de 2004 11:40. Enlace fijo del artículo. Tema: Metrópoli Republicana No hay comentarios. Comentar.


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